En una asociación en la que colaboro, trabajamos el tema delicado de si se debe o no llevar el velo a una entrevista de trabajo. Tras mucha diplomacia y dialogar circumventando todo lo que pueda parecer ofensivo, una usuaria, una joven musulmana de 20 años, decide que llevará el velo a una entrevista de trabajo que tiene para esa tarde. Ningún comentario al repecto por parte de las educadoras cambia su opinión. ¿Y porqué debiera?
Justo al salir de camino a la entrevista, charla un momento con otra compañera, de unos 35 años, también musulmana. "¡Quítate el velo para la entrevista! ¡No te cogen si llevas velo!" Le adiverte.
Reflexiono que todo el dialogar desde la perspectiva de otraedad que tiene que ser la nuestra no ha conseguido lo que en un momento consiguen estos comentarios. Cuestiono el papel de mis planteamientos. Eso sí, lo cuestiono porque no he conseguido el resultado (reconocido o no) que yo buscaba, mientras que realmente mi finalidad debe ser la autonomía y la capacidad de decisión informada de la usuaria.
Llegamos ahora a nuestra última sesión de búsqueda de empleo; motivo por el que comento lo anterior. Esta misma chica ha ido a una entrevista de trabajo, por un puesto seguro. No la cogen. A su mediadora laboral le han explicado que es porque lleva el velo. Ahora concluye: "No puedo llevar velo. Para la entrevista no puedo llevar velo".
Está claro que la experiencia "educa", y que aquí ha educado mucho más que las líneas educativas no formales.
Ahora hace falta lo gordo, poder ir a una entrevista de trabajo sin velo, sin que haya por ello discriminación.
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